viernes, 10 de junio de 2016
El día que perdí mis superpoderes
miércoles, 13 de abril de 2016
Peleaste mi batalla
sábado, 5 de marzo de 2016
Quisiera decir
viernes, 19 de febrero de 2016
Castillo caído
domingo, 7 de febrero de 2016
Sueños extraños
domingo, 9 de marzo de 2014
Bicicleta
martes, 11 de septiembre de 2012
Destacar
lunes, 16 de julio de 2012
AMOR y amor
sábado, 7 de abril de 2012
Fin del invierno
sábado, 15 de enero de 2011
Cuento...
¡Doctora! –gritó el hombre de la esquina, quien lucía el mayor de todos los de la sala – la esperábamos, la hemos estado buscando por todos lados.
jueves, 23 de septiembre de 2010
A un novio
domingo, 22 de agosto de 2010
Intentaba seguir tu voz
sábado, 27 de marzo de 2010
Aún te amo
sábado, 7 de noviembre de 2009
Con Dios
viernes, 25 de septiembre de 2009
La confianza

Neftalí estaba sintiéndose enamorado, no muchas mujeres habían pasado por su vida, no muchas lo habían convencido de dejar de lado cosas, para él, importantes; esta vez se sentía diferente, se sentía extraño, en ocasiones como un tonto. Matilde, por el contrario había tenido ya a su corta edad varias experiencias similares, lo que ocasionaba un poco de inseguridad en él, se sentía en desventaja frente a eso, sin embargo, pese a que le costó algunas largas noches, terminó por aceptar su condición y dejar los prejuicios culturales de lado.
Cada día que pasaba era una aventura, él empezó a experimentar con ella situaciones que antes eran sólo fantasías, el hambre que sentían el uno por el otro exigía más y más en sus encuentros, avanzaban en el amor, constantemente era él quien detenía el progreso, se apartaba, se incorporaba, se vestía de inmediato y corría hacia el baño para aliviar su penuria.
Los detalles hacia ella aumentaban, las rosas, las cenas románticas, las canciones, las poesías, los días de campos, los viajes furtivos, todo le significaba insuficiente para expresar lo que se estaba formando en su interior. Cuando ella estaba de cumpleaños, él pasó toda la tarde elaborando el ambiente adecuado para que ese día fuera realmente especial, nervioso y ansioso por causar impresión en ella, decoró toda la habitación con chocolates, preparó el menú que mejor le quedaba, el que aprendió de su madre, practicó frente al espejo el baile; entre la comida, a media luz y con música suave, le declaró a Matilde su amor, desnudó su alma frente a ella, ese estado de enamoramiento en el que se encontraba. El sentía que Matilde le correspondía pero su mirada se perdía por segundos en alguna galaxia, mientras observaban el cielo, sus ojos se llenaban de lágrimas, pero él imaginaba que era debido a la emoción del momento, los ojos de Neftalí también se humedecían, aquella noche se abrazaron tan fuerte como nunca antes ni después lo hicieron.
Apenas un par de semanas después, se entregaron por completo, a él se le acabó el temor, seguro de que ella era la mujer a quien amaba y con quien deseaba hacerlo por primera vez y para siempre… A terminar, sentía que no quería separarse nunca más, que se pertenecían el uno al otro, y como si el cielo estuviera cada vez más cerca de sus manos. Hasta la gente a su alrededor los miraban diferentes, quienes antes no apostaban a aquel amor, ahora le daban crédito.
Matilde con su mirada ingenua, palabras dulces estaba demostrando su amor a él, besaba sus ojos mientras le decía que nunca la olvidara, le confesaba que jamás se había sentido de esa forma, tan segura y tan enamorada, nunca conoció tanto deleite.
Juntos eran dos poetas incomparables, la ciencia se sorprendía vencida ante su habilidad para crear belleza con las letras y acordes.
Los problemas eran varios y las diferencias entre ellos enorme, sin embargo, lo solucionaban todo en una mesita y bebiendo café.
Habían pasado ya algunos días en que él la notaba extraña, entre más juntos estaban más distante la sentía, esta vez su mirada se escapaba en una forma atemorizante, como aquellos que están perdiendo la cordura, en ocasiones la escuchaba a Matilde decir cosas extrañas, que él no entendía.
Cierto día Neftalí no aguantó más, y le pidió a Matilde que explicara lo que quería decir, al parecer ella estaba en una crisis nerviosa incontrolable, que se agudizaba cuando estaban juntos y solos, más aún desvestidos, si él pronunciaba que la amaba, ella lo callaba con un beso tan fuerte como un muro.
Sentado y con cara de angustia esperó la respuesta, sin imaginar siquiera lo que escucharía.
- Yo, te engañé, hace varios meses, me acosté con alguien más, no sé cómo pasó, no recuerdo nada. Está en tus manos perdonarme, yo no podía seguir ocultándolo, me volvería loca si lo hago. Sólo quiero que sepas que, nunca he dejado de amarte.
Ella se encontraba completamente pálida, cubierta de lágrimas, esta vez su mirada había regresado por completo y buscaba la de él que ya no estaba. Él no preguntó detalles, solo la acompañó hasta que consiguiera un taxi. Le dio un adiós tan frío como nunca antes ni después lo hizo.
Mientras regresaba a su casa sintió morirse, sentía como el corazón le palpitaba cada vez más lento, no conseguía llorar ni gritar, ni empuñar sus manos para golpear la pared, cruzaba las calles atestadas de autos sin poner mucho interés en ellos, mantuvo ese estado de zombi hasta incluso mientras caía del séptimo piso del edificio donde se encontraba su casa, hasta entonces él no sintió nada, se sintió sin vida…
jueves, 20 de agosto de 2009
Conclusión
29.Agosto
martes, 14 de julio de 2009
Dicotomía
Cuando Tom salió de la casa después de haberse tomado media hora para hacer citas de sábado por la noche mientras intentaba arreglar mi computador, sin decir nada, sin verbalizar esas emociones que suponía yo causaba en él, suspiré, corrí a la máquina y estaba allí Paúl conectado, ideas descontroladas pasaron por mi cabeza, pensé “ya son las nueve de la noche, es tarde”, sin importar detalles me decidí a escribirle y en el mismo instante él me escribía un “hola” que llegó antes que mi “hola”. Tomé un taxi hasta su casa, en el camino el conductor me advertía sobre lo peligroso que es hoy en día divertirse, que pensara bien lo que iba a hacer y que no me casara todavía… Llegué a su departamento, él apagó sus celulares, su computador, las luces… encendió la TV, y puso la película que se supone veríamos, pasaron cinco minutos y preguntó si podía abrazarme, mi afirmación fue entusiasta, un minuto después su pregunta era si podía besarme, no alcancé a responder…mientras todo ocurría y mientras la película continuaba corriendo, recordaba lo que había sentido la primera vez, en mi mente había dicho “no puedo hacerle esto a Tom, yo lo quiero, no puedo hacer esto”, esta vez estaba demasiado sorprendida por lo que había pasado con él, Paúl se detenía por instantes para decirme lo linda que le parecía y lo mucho que le gustaba, en alguna ocasión mirándome a los ojos me dijo que se estaba enamorando de mí, supongo que en otro momento de mi vida, con algunos menos años se lo habría creído, yo no correspondía a sus halagos, y casi ni me importaba que muchas de aquellas palabras fueran mentiras, porque yo sabía que estaba en ese lugar siendo parte de una mentira que no estaba dispuesta a trabajar para ocultarla, mientras todo pasaba, yo continuaba pensando en lo mal que estaba haciendo, pensaba en que quería irme, en que no quería irme únicamente por las personas que confiaban en que yo no era capaz de ser protagonista de una situación como ésa, quería irme porque entre más se profundizaban las cosas, más vacía me sentía, porque no estaba allí lo que necesitaba, sí lo que había ido a buscar, los sentidos por minutos dominaban sobre mi espíritu. Hasta que decidí irme, Paúl no entendía ni quería entender por qué no me había quedado, él sólo quería lograr su objetivo.
Volví a casa e hice el ritual de siempre para sentirme menos indigna, pensaba si mi Seudo-resistencia había sido gracias lo que sentía por Tom, por amor a mí misma, por amor a Cristo o sencillamente a causa de mis traumas. Dormí tranquila.
Al día siguiente, simplemente no podía verlo a la cara, no sólo porque mi rostro debía estar manchado con maquillaje que se corrió mientras mis lágrimas caían, sino porque había traicionado esas emociones que habían sido lastimadas toda la tarde y noche anterior.
Desde entonces siento que algo se rompió entre nosotros, desde entonces estoy lejos de él...
Matilde
miércoles, 18 de febrero de 2009
Parto pal parto

El primer paso, no tuve que pensarlo durante mucho tiempo, simplemente lo hice, no fue procesado y temo que ni siquiera mi mente lo concibió, me atreveré a decir que alguien Más quería que lo hiciera, porque recorro el historial de mis pensamientos y no encuentro registro de aquello, el valor para hacerlo no es un mérito que yo pueda atribuírmelo.
-quiero hacerte algunas preguntas puntuales, ¿puedo hacerlo?- la pregunta siempre absurda.
La respuesta siempre obvia. – ¡Claro, dale!
-¿Tú sientes algo por mí?
Él transpira, mientras yo al otro lado de la pantalla tiemblo con igual intensidad, él se niega a responder sin que el café de siempre sea invitado, yo acepto y me preparo para esperar la respuesta a la pregunta que nunca quise hacer. Aquellos dos días fueron de “total” incertidumbre, tomé varias horas de mis días tratando de dibujar todas las posibles respuestas, y con cada una de ellas las preguntas que le seguirían, lo único que no fue contemplado era una respuesta positiva, implicaba demasiados subprocesos sin tiempo, sin espacio, sin recursos, sin ganas suficientes para su ejecución.
Y llegó el día, y las opiniones continuaban apareciendo, los consejos que yo sabía no iba a poder seguir por no tener mi ADN. La hora estaba muy cerca, dejé la oficina y dije: parto pal parto
Aquella noche todo era importante, y nada era suficiente, la ropa, el maquillaje, el libro que leería mientras esperaba, el café, la mesa, el ruido, el frío, la lluvia, la hora, la batería de mi celular, el chocolate, todo y nada.
(La ropa.- la misma de siempre, adecuada para el frío de esta ciudad; maquillaje.- sólo mascara, había decidido no maquillarme, como lo hago cuando salgo con alguien que no me interesa, y luego pensé que si me veía así creería que me tenía muy mal; libro.- Rayuela; la mesa.- cercana a los juegos preferidos por adolescentes; ruido.- suficiente, para apenas escuchar mis pensamientos; celular.- sin batería; chocolate.- sin chocolate)
Di vueltas, concreté negocios, compré un café, elegí el que tenía Amareto, nada mejor para calmar los nervios, leí, sin entender a Cortázar, y esperé.
Y por fin llegó, compró su café: Americano con Crema tamaño regular, y después de contarme su “trágico” suceso, tuve que repetir la pregunta planteada para ir directo al punto:
-¿Tú sientes algo por mí?
- he tenido mucho tiempo para pensarlo y no me refiero a dos días, sino que me lo he preguntado en varias ocasiones- y yo pensaba, ahá y entonces… - y sí yo siento cariño por ti, pero no lleva consigo pasión o amor con intensidad, sino un cariño de amigos – en sus ojos se reflejaba cierta tristeza, al tener que decirlo -
Pensé que ese era el momento en que correspondía llorar, o salir corriendo, pero me equivocaba, eso no era lo más duro, pero sí lo que le sigue.
Tal como lo esperaba, él se apropió de mis preguntas y me pidió responderlas, de la misma manera.
Comencé suspirando y con voz un tanto temblorosa procurando no mirar todo el tiempo su rostro, mientras mis manos inquietas no atinaban forma o espacio para moverse, obligándome a terminar con el último sorbo de amareto – yo sí siento algo por ti, ahm yo te quiero, siento un cariño súper especial, ahm y de manera consciente no quiero tener nada contigo- aclaré que mi pregunta no había sido una propuesta sino “tan sólo” una pregunta.
Expliqué que algunas actitudes él que tenía conmigo me confundían, que quería aclarar las cosas para no dejar que mis ideas me llevaran a hacer ilusiones equivocadas, que además quería cerrar todo lo que pudiera estar abierto, que él me hace sentir incómoda, porque en ocasiones siento que yo lo estoy persiguiendo y ese no es mi propósito, que nunca he deseado influenciarlo con mis sentimientos. Que prefiero tener una relación real con él y no una amistad virtual.
Reconoció que se siente generalmente incómodo cuando estamos juntos, que le siguen sudando sin explicación las manos cuando me ve, y que esa es de pronto la razón por la que el ambiente se torna tenso cuando nos presentamos de carne y hueso. Luego nos abrazamos y yo dejé de sentirme triste, dejé de sentir esa cuerda que me ataba a él, el Abrazo reconforta, ni yo lo podía creer.
Continuamos conversando, compartimos ideas acerca de lo parecidos que somos, aquellos defectitos que no muchos conocen, que casi nadie percibe, aquellos que seguramente se quedarán como uno más de nuestros secretos. Hablamos sobre nuestras pasiones, perdón: sus pasiones y mis confusiones, la profesión, los hobbies, las responsabilidades, las limitaciones, la inteligencia, la manipulación, la familia, las mujeres, los hombres, las técnicas: femeninas y masculinas, la satisfacción, las estrellas, los laboratorios, los números, sobre mis palabras y sus interpretaciones, sobre mis explicaciones, y mi falta de coordinación, sobre sus preguntas, sobre su niño, sobre la astucia, sobre su ego y el mío, la histeria y el stress, la rareza: la suya y la mía.
Reconocí que mi radar detecta todas las frecuencias excepto las suyas, que es imposible saber que pasa por su cabeza aunque mi facultad bien desarrollada me permite hacerlo con el resto del universo, reveló que le ocurre lo mismo. (Esto me recordó a una escena de la película “Crepúsculo”).
Tomamos el mismo taxi, y nos sentimos bien, nos despedimos, me sentí muy bien, escribí y sentí paz. No sé que pase mañana, pero es esto lo que quiero, que nadie me rompa el corazón cuando lo presente sin armas visibles.
Bastó una verdad, dos corazones, un café, cuatro dólares y un Abrazo.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Cómo fue
En un ambiente funesto, vacío de color, colmado de olores, guíaba yo a una hilera de entes por un sendero delgadísimo que estaba rodeado de lo que podría ser un río, tal vez un oceáno de aguas turbias y profundas y de muy mal aspecto, era tan angosto que podían caminar únicamente uno tras otro y teniendo cuidado de no caer, todos ellos daban cada paso con mucho temor, pues solo era un lugar conocido por mi...
Ya casi al llegar al destino que sería de salvación para todos, cayó, de pronto, uno de ellos y yo fui tras ella, me sumergí la alcancé y luego con ayuda de uno de los que estaban arriba logramos subir. Continuamos con mayor seguridad y velocidad hasta llegar al paraíso que tenía una forma como de isla...
Una vez que pisé tierra firme, me trasladé, como ocurre en los sueños, a otro esenario con gente conocida y amada por mi, el lugar parecía como un instituto, lleno de gente joven, era como esas universidades gringas llena de habitaciones para sus estudiantes, era el sitio donde tú estudiabas, decidí entrar en una de estas habitaciones para cambiar mi ropa y secarme un poco, pues la última travesía me había dejado empapada, de pronto, entraste tú, pues casualmente era tu habitación y tu baño, te reconocí con emoción y me reconociste tú también, y sin pensarlo alcancé tu boca con mi boca, y no recibí respuesta inmediata, obviamente, hice de tu voluntad mi voluntad y te besé, yo te besé!, y luego me besaste tú, nos besamos como nunca antes besamos a nadie, a nadie!.
Al salir juntos de esa habitación, sentimos la felicidad de mi gente y poco después la felicidad de la tuya, que aunque hablaba un idioma diferente pudimos enteder en sus sonrisas y el brillo en sus ojos que estaban en paz y contentos... 2007
viernes, 12 de septiembre de 2008
A un amigo
Si llegas a leer algún día este espacio, seguro creerás que se trata de alguien más, pues no es así! Tuviste gran importancia en mi vida.
Gracia
Cuando no tenía donde ir, tú me diste un lugar Un lugar entre tus brazos, abrazo que no es fugaz Cuando estaba sucia por mi caminar, me...
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Cuando no tenía donde ir, tú me diste un lugar Un lugar entre tus brazos, abrazo que no es fugaz Cuando estaba sucia por mi caminar, me...
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El dolor es profundo Ha caído el castillo entero Lo construí durante años Se cayó desde sus bases Mientras yo orgullosa izaba el estandarte....
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En tan solo días Yo me enamoré de ti Mientras tú crecías Tan dentro de mí En tan sólo días Yo me apoderé De tu vida entera, La que imaginé. ...









